A UN AÑO DEL JET SET: EL SILENCIO TAMBIÉN ES INJUSTICIA
Por Manuel A. Khoury
Se cumple un año del derrumbe de la discoteca Jet Set en la República Dominicana. Un año de dolor, de preguntas sin respuestas y de una sensación que pesa más que los escombros que aquella noche marcaron vidas para siempre: la impunidad.
Lo que ocurrió no fue solo una tragedia. Fue una alerta. Un reflejo de fallas que, lejos de ser corregidas con la urgencia que ameritaban, hoy parecen diluirse en el tiempo, en procesos lentos y en una justicia que, para muchos, aún no llega.
Durante estos doce meses, familiares de víctimas, sobrevivientes y una sociedad entera han esperado respuestas claras. ¿Qué pasó realmente? ¿Quién es responsable? ¿Por qué una estructura colapsa en un lugar donde cientos de personas confiaban su seguridad?
Las interrogantes siguen ahí. Y lo más preocupante es que el tiempo avanza más rápido que las soluciones.
En el país donde la música, la celebración y la vida nocturna forman parte de la identidad cultural, lo ocurrido en Jet Set dejó una herida profunda. No solo por las pérdidas humanas, sino por la sensación de vulnerabilidad que dejó al descubierto.
Porque más allá del espectáculo, hay algo básico que no puede negociarse: la seguridad.
A un año, no se trata solo de recordar. Se trata de exigir. De no permitir que esta tragedia se archive en la memoria colectiva como un caso más sin consecuencias.
La justicia no debe ser selectiva ni tardía. Debe ser firme, transparente y, sobre todo, oportuna.
Hoy, más que nunca, la pregunta sigue vigente:
¿Habrá justicia para las víctimas del Jet Set o será otra historia que se pierde en el olvido?
Porque cuando no hay respuestas, el silencio también se convierte en injusticia.

